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A la memoria del Dr RENE FAVALORO‏ - por Hugo César Renés


¿Sabe usted quienes fueron los “amigos” que levantaron y dispararon el arma que la desesperación puso en las manos de René Favaloro el 29 de julio de 2000?.

La forma que un hombre elige para morir, tiene siempre una connotación moral desgarradora.

En el caso del Dr. Favaloro, el contenido ético aparece vinculado, inevitablemente, a los factores que están llevando al sistema nacional de asistencia médica al borde del colapso, es decir, el político y el económico.

¿Cuál fue la mano oculta que originó que el arma se dispare?, se lo digo yo, fue la desidia, la ineptitud, la falta de transparencia de los entonces gerentes de la política argentina (muchos de los cuales ostentan hoy cargos públicos nacionales o provinciales, sonriendo para la foto y mintiendo con naturalidad y otros que se han “alejado” de la política), que tienen nombre y apellido, que demostraron, cuando tuvieron la oportunidad de conducir los destinos de nuestra Patria, su incapacidad individual y colectiva para reaccionar y hacer frente a la crisis que permanentemente les estuvo (y aún está) dando señales claras de extrema gravedad, y que nos va sumiendo día a día, mes a mes, año tras año, en la más absoluta desprotección.
PAMI, IOMA, IMOS y muchos sindicatos, entre otros, debían dinero a la Fundación. René escribió cartas que nunca fueron leídas. Los funcionarios de entonces, desconocieron la legitimidad de la deuda; funcionarios perduélicos de segunda categoría eludían cuidadosamente sus llamados...Como siempre, la Nación es sorda... René no estaba acostumbrado a “mendigar”, ni que cipayos lo “sobraran”.
El desesperado grito de este genio y el desgarrado adiós de este luchador debe servirnos para reflexionar:

Si él, que descolló en los cenáculos más exigentes de la vida científica, no pudo superar el cerco que le tendió la ineficiencia y la inescrupulosidad de ciertos funcionarios que diciendo ser “AMIGOS” enviaban a la fundación a otros amigos de ellos para que la ciencia los cure (y que Dios se lo pague), ¿qué nos queda a nosotros?; y por otra parte, ¡ay de nosotros!, si después de la congoja que nos embargó la inmolación de René, hemos olvidado tanta injusticia, tanta indiferencia, impunidad e insolidaridad, aceptando con una sonrisa complaciente, una vez cicatrizada la herida abierta por el disparo, que los instigadores del suicidio se devanen hoy en reconocimientos hacia quién ya no puede, en su humildad, agradecérselos.

Dijo René: “Yo me conformaría con que el corazón de los argentinos tuviera tres cosas: honestidad, responsabilidad y solidaridad”.
Dijeron de él:

“Eligió morir para dar vida a su obra”.
“Su bisturí salvó miles de corazones ajenos pero su mano destrozó el propio”.
“De hijo de obrero llegó a la Academia, en un país donde muchos hijos de académicos, no consiguen ni trabajar de obreros”.

“Nunca le dio importancia al dinero, pero su falta provocó su muerte”.
En apretadísima síntesis, digo yo:
SU VIDA NOS LLENÓ DE ORGULLO; SU MUERTE NOS LLENA DE VERGÜENZA.
 
Infeliz el que busca en la apariencia

La dicha en la efímera alabanza,
Y muda de opinión con la mudanza
De la versátil pública conciencia.
     - (Julio Arboleda 1817 - 1862)

En azul y blanco,
HUGO CÉSAR RENÉS

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