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Pedro Lapido Estran y su visión particular de la Historia


He tenido la suerte tal vez, de transcurrir mi juventud en el ámbito de una época, donde había ideologías e idologías, proyectos, sueños y ambiciones que comenzaban a plantearse a muy temprana edad.


Donde todavía se preguntaba el ¿qué quieres ser cuando seas grande? y hablábamos de SER y no de HACER ni de TENER, y nos informábamos (o tratábamos al menos) para discutir - porque se discutía - sobre distintos temas que nos parecían importantes.

¿Es que vamos por aquello de "todo tiempo pasado fue mejor"?. NO, simplemente fueron diferentes.

Pero lo cierto es que entre las cosas que discutíamos yo mantenía algunas posiciones en las que tenía a muchos en contra. Y una de ellas era:

¿La Revolución Francesa, sirvió para algo"? Y todos decían: Sí porque sentó las bases de la libertad, la igualdad y la fraternidad en el mundo y demostró que se podía abolir el absolutismo. Y yo decía: ¿Sí?, el absolutismo de quien: ¿del rey, de Marat, de Danton, de Robespierre, de Napoleón, o del mismo Fouché?

Y me llovían insultos diciéndome que yo no entendía como se habían desarrollado los acontecimientos de la revolución y como se habían ido decantando hasta llegar a...

¿Hasta llegar a qué? -respondía yo- ¿hasta llegar al regreso al poder del hermano del rey depuesto, a quien le fue entregada Francia por un cretino genio tenebroso como Fouché, a cambio de un puesto en el nuevo reino? Fue el único de los revolucionarios a quien la revolución le dejó algo más que la muerte, siendo el infame, que recibió en sus manos la abdicación de Napoleón para entregarle Francia al nuevo rey. ¿o no?)

¿Cuántas muertes, cuánta sangre, cuántas lágrimas, se hubiera evitado Francia, si después de derrotar a un rey malo, hubiesen exigido que suba al trono un rey mejor, que contemplase las necesidades del pueblo, y no lo que hicieron, que fue poner el poder en manos de turbas de patanes, cuya mayor manifestación fue el asesino Robespierre, para terminar poniendo a Francia en manos de un emperador?

A esta altura de los acontecimientos, ya me llovían también los golpes -ciertamente en broma- y uno hablaba del genio militar de Napoleón Bonaparte, de que hubiera sido de Francia sin él, de que las ideas de la revolución se esparcieron por el mundo, cambiando la sociedad humana etc. etc.

Y yo les respondía que había países que aún eran reinos y no habían necesitado nunca una revolución. La discusión se hacía entonces interminable y la esgrima de argumentos se sofisticaba.
 
Pedro Lapido Estran
Escritor y poeta
Actualmente reside en La Plata

Canto a La Plata

Pedro Lapido Estran – Poeta y escritor Argentino.
Director/Web Master de la Revista Arca Blanca.
www.iespana.es/arcablanca/index.htm

CANTO A LA PLATA

A veces cuando el sol me ofrece un limbo,
donde arrullar mi anhelo de distancias;
Muevo al juglar que tengo adormecido,
y me voy a gozar, la Plaza Italia:
Me hago compinche de todos sus tilos
y chamuyo en silencio, con su águila.
Otras veces me embriago de belleza
con cócteles de niños y de cielo,
rememorando góticos misterios,
en la quietud de la Plaza Moreno;
Allí, donde los ángeles maestros,
Vuelven sinfónica la música del viento.
Yo no nací en tu cuna ciudad mía,
pero crecí, poblando mi intelecto.
Cuando juego a la dama en tus baldosas,
tus árboles se ríen de mi empeño;
Y yo apoyo feliz, sus travesuras,
mientras con su belleza me alimento.
¿Quién eres tú, cuándo y cómo naciste..?
¡Abramos los arcones del recuerdo!...
No fuiste el fruto como tus hermanas,
de un alto en la campaña de conquista
o un hito en la aventura de El Dorado.
Ni el brote de los troncos castigados
de un mítico fortín adelantado,
regado por la sangre de la patria.
Tal vez, para cumplir sueños de gloria,
para que el Ibero rapaz de nuestra historia,
tuviera su Dorado; y en tus calles,
los bravos de toldos y mangrullos
pasearan abrazados …
Nuestros modernos hombres te forjaron.
Cien años han pasado de aquel día
en que la Reina del Plata despedía,
a la gobernación.
Entonces: fue esa brusca acefalía
la primera semilla de tu vida,
que alguien recogió.
La prisa de tu artífice ya observaba
tus calles,
cuando le dio a Aristóbulo del Valle,
cuatro meses de acción.
Arduo fue el trabajo de sus hombres,
buscándote cuando aun no tenias
Nombre,
viviendo tu latente seminal.
Vagaba tu semilla con su impronta
por lugares queridos de la patria,
hasta que al fin, las lomas de Tolosa,
quedaron incluidas en tu mapa.
Pedro Benoit, un vocal arquitecto,
te salpicó de oasis en tu traza.
En un debate de los que se añoran,
un Hernández te llamó, La Plata;
y se impugnó tu nombre con tu suelo,
pero ya estabas viva, en la Ensenada.
19 de Noviembre de 1882…
Dardo Rocha,
¡Soñaba con tus plazas!
Y aquí estoy, te recorro metro a metro,
esquivando baldosas liberadas;
Recordando a aquellos que estuvieron
y que al partir dejaron su regalo.
Si hasta parece que recita el viento,
el “Piu Avanti” genial que hizo Palacios.
Y Mendioroz, y Mena, y Ripa Alberdi,
a su conjuro florecen tus calles;
La amistad que Behety dio en “Maria”,
parece sonreír entre tus árboles.
Merino y Delheye, casi niños,
aun enhebran sus letras en el aire.
Mientras Roberto Themis Speroni,
felicita a los simples de la especie,
mirando un astrolabio y un sextante.
Moreno, Spegazzini y Ameghino,
Joaquín González y otros tantos
grandes;
Hoy observan las filas de pupitres
Que en ti, son casi flores en un parque.
Han pasado cien años de tu vida,
de antes y de hoy enriquecida
por seres que te dan, porque te aman.
También hoy hay poetas que te cantan,
y en tus calles, obreros que te cuidan;
Y en la savia ya oculta de tu tierra
aun resuenan los cascos de caballadas
indias.
“Felicidad, querida,”
Brindaré por tus años,
con agua de un aljibe,
para sentirte MIA.